Sencillez

Sencillo: simple y claro, al estilo de María, acepta y vive lo complejo de la realidad con esperanza poniendo cuerpo, alma y espíritu al cumplimiento de la misión.

La sencillez nace de la apertura de nuestro ser al Señor, de la apertura de nuestro corazón como María al recibir la buena nueva. En un mundo en el que anhelamos cosas que no necesitamos ni disfrutamos solo para impresionar a otros, necesitamos despojarnos y poner a Dios en el centro de nuestra vida.

Jesús dijo: “Ningún sirviente puede servir a dos señores. Menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir a la vez a Dios y a las riquezas” (Lucas 16:13)