A fines del año pasado, los alumnos del Instituto San Juan Pablo II realizaron una visita al Hogar El Buen Samaritano que se convirtió en una verdadera experiencia de encuentro intergeneracional. La salida, enmarcada en la materia Animación Social y Pastoral, fue guiada por el profesor Adrián y buscó que los chicos vivieran la comunicación con la comunidad fuera del aula y aprendieran a ser agentes de cercanía y servicio.
Aprender a ser “animadores” en la vida real
“El objetivo de la materia es que los chicos puedan compartir, pensar proyectos juntos para ser animadores en nuestra sociedad —salir de las estructuras del colegio y poder hacernos familia junto con la sociedad”, explicó el profesor Adrián. Bajo ese propósito, los estudiantes participaron de distintas actividades junto a los residentes y el equipo del Hogar, con un gesto claro: acompañar, escuchar y estar.
“Fuimos para que se sientan en el hogar… una familia más grande”, relató el profe, poniendo el acento en la intención pedagógica de la salida: que la escuela y la comunidad se encuentren y se sostengan mutuamente.
Momentos de encuentro y servicio
Durante la visita los alumnos compartieron tiempo con los residentes en actividades sencillas pero significativas: conversaciones, juegos, pequeñas tareas y momentos de compañía. Para muchos chicos fue la primera experiencia prolongada en un hogar de atención a mayores; para los residentes, la presencia juvenil fue un aire nuevo que avivó charlas, recuerdos y sonrisas.
La jornada recordó también la importancia de la continuidad del acompañamiento: más allá de actividades puntuales, el proyecto busca generar vínculos que perduren y que formen en la solidaridad y el compromiso con la comunidad.
Educación con sentido social
El trabajo realizado desde la materia de Animación Social y Pastoral se inscribe en una pedagogía que no se queda en lo escolar: propone que los jóvenes integren conocimientos bíblicos y pastorales con acciones concretas en su entorno. “Así el proyecto tenía la intención de trabajar no solamente en el aula, sino también de encontrar en el compartir con los abuelos un espacio en el que nos sentimos realmente familia”, señaló Adrián.

