Con el corazón todavía encendido por la gracia compartida, las comunidades de todo el país atesoran los frutos de un fin de semana donde la espiritualidad samaritana y la cultura del encuentro se hicieron vida.
Ha pasado una semana desde que los patios, pasillos y capillas del Encuentro Nacional de Hombre Nuevo se vaciaron en lo físico, pero el eco de lo vivido sigue resonando con fuerza en cada rincón de la Obra. Voluntarios, coordinadores y equipos interdisciplinarios regresaron a sus comunidades a lo largo y ancho del país, llevando consigo no solo herramientas de trabajo, sino una certeza renovada en el alma: cuando nos disponemos a cambiar la vida de los más frágiles, es nuestra propia vida la que termina siendo transformada.
Bajo el lema «Cambian sus vidas, transforman la nuestra», este encuentro anual significó un hito profundo para toda la Obra, entrelazando con fuerza el caminar social de Hombre Nuevo con el aire, el alcance y la calidez de Radio María. Fuimos, durante tres días, un solo corazón latiendo en sintonía.
Recuperar la sociedad a la que queremos pertenecer
El punto de partida del fin de semana estuvo marcado por la oración profunda y la intimidad comunitaria. Durante la Misa de apertura del viernes, el Padre Javier Soteras regaló una de las definiciones más potentes de las jornadas, una frase que se convirtió en bandera para los días siguientes: «Es tiempo de recuperar a la sociedad a la que queremos pertenecer».
Esa convicción, lejos de ser un ideal abstracto, se transformó el sábado en una hoja de ruta concreta. La mañana nos invitó a adentrarnos en la Espiritualidad Samaritana, ese pilar que nos exige no pasar de largo ante el dolor del hermano, sino aprender a detenernos, conmovernos y hacernos cargo. A través de talleres dedicados a la identidad del voluntariado, los líderes y colaboradores recargaron las fuerzas para seguir haciendo de cada obra un verdadero hogar.
Testimonios de entrega y milagros cotidianos
El patio del encuentro se volvió puro movimiento y emoción al compartir las experiencias que sostienen el día a día de la Obra. Conocimos de cerca los desafíos y alegrías en la educación del Colegio San Juan Pablo II y nos adentramos en el minucioso abordaje integral que se realiza en el Hogar El Buen Samaritano. Además, la distancia se acortó para recibir con un abrazo enorme a los hermanos de Proyecto Alma Grande, quienes viajaron desde Salta junto al Padre Ezequiel Fabre para contagiarnos su alegría y su incansable trabajo en la asistencia y promoción humana.
Sin embargo, el momento que nos erizó la piel a todos y que quedará guardado en la memoria colectiva de la institución fue el espacio compartido entre el Padre Javier y Miguel Ángel hijo. Frente a una asamblea conmovida hasta las lágrimas, compartieron el milagro de su historia familiar: gracias al trabajo silencioso y amoroso del Hogar El Buen Samaritano, Miguel Ángel pudo reencontrarse y volver a abrazar a su papá después de 25 años de no saber de él.
En ese abrazo de reencuentro se resumió, sin necesidad de más explicaciones, la esencia misma de Hombre Nuevo. Somos, ante todo, un puente para que el amor, la dignidad y la esperanza vuelvan a ser posibles allí donde el mundo muchas veces da las cosas por perdidas.
El envío: Volver para seguir sirviendo
El domingo, con la Misa de Envío, llegó el momento de la dispersión, pero no de la distancia. A una semana de haber cruzado miradas y compartido el mate, las mochilas de los voluntarios vuelven a estar llenas de nombres, rostros e historias que impulsan a seguir adelante.
El Encuentro Nacional 2026 ya pasó, pero la misión recién empieza. Con la guía de la Virgen y los corazones encendidos, la gran familia de Hombre Nuevo y Radio María camina decidida a seguir transformando el mundo, un milagro cotidiano a la vez.



