Con el corazón lleno de gratitud, los voluntarios de la Red de Merenderos Colón compartieron junto a mamás y niños una celebración de Pentecostés profundamente emotiva, marcada por la oración, la contemplación y el deseo de renovar la vida en el Espíritu.

Fue un encuentro vivido con mucha intensidad espiritual, en el que se rezó y se contempló la venida del Espíritu Santo como un viento que atraviesa realidades concretas, toca el corazón y fortalece en medio de las dificultades que atraviesan las familias. En ese clima de fe, se compartió también el gesto de la unción con aceite bendito, primero de las mamás a sus hijos y luego de los hijos a sus mamás, como signo de amor, cuidado y bendición mutua.
La experiencia fue descrita por los voluntarios como un momento fuerte y sanador, donde las lenguas de fuego de Pentecostés ayudaron a entrar en la escena de la venida del Espíritu Santo y a reconocer esa vida nueva que Dios sigue ofreciendo a cada familia. Allí, en la sencillez del encuentro, se hizo presente la fuerza de una comunidad que reza, contempla y acompaña.
Pentecostés volvió a recordar que el Espíritu Santo no actúa lejos de la vida cotidiana, sino en medio de ella: en las heridas, en las búsquedas, en los vínculos y en la esperanza que renace cuando una comunidad se deja tocar por Dios.
Desde la Red de Merenderos Colón agradecen profundamente este momento compartido, que dejó en todos una experiencia de consuelo, alegría y renovación interior.


