En su mensaje de Semana Santa, el Padre Javier Soteras, director de la Obra de María, nos invita a detenernos ante el misterio de un Jesús que, sabiendo que su hora ha llegado, no se defiende, no huye y no se impone. Jesús se queda. Y se queda de un modo que transforma para siempre la manera de entender la presencia, el amor y el servicio.
El Padre Javier recuerda que Jesús permanece, en primer lugar, en la Eucaristía. Allí no queda sólo un símbolo, sino una presencia real: el Señor se hace pan partido y sangre entregada para sostener la vida de su pueblo. Ese gesto expresa una cercanía que no se retira, sino que acompaña de manera silenciosa y fiel.
También permanece en el amor fraterno, cuando el servicio se convierte en sacramento de su presencia. Jesús no sólo habla de amor: lo encarna. Se arrodilla, lava los pies y muestra que el verdadero modo de estar en medio de los demás es servir. Allí donde hay una comunidad que se entrega, que cuida y que comparte, Cristo sigue vivo.
Finalmente, Jesús se queda en su estilo de cercanía, compasión y ternura, como insiste el Papa Francisco. Ese modo de amar ilumina el camino de la Iglesia y de todas las obras que, como las de Hombre Nuevo, buscan hacer presente el Evangelio en la vida concreta de las personas. Cada gesto de acompañamiento, cada acto de servicio y cada presencia sencilla junto al que sufre son parte de esa misma lógica de entrega.
En este tiempo santo, la invitación es a mirar a Jesús que permanece y se dona. A dejarnos tocar por su amor que no se impone, sino que se ofrece. Y a renovar, desde nuestra misión, el compromiso de servir con humildad, de acompañar con ternura y de permanecer al lado de quienes más necesitan una presencia que abrace.


