En la memoria litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes, la Iglesia vuelve su mirada a quienes sufren y a quienes les acompañan. Como recordaba el Papa Francisco en su Mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo: “Rezo por ustedes encomendándolos a María, Salud de los enfermos.”

Lourdes es, desde 1858, un lugar que ha convocado a millones de peregrinos en búsqueda de consuelo y esperanza; su santuario se define como “un centro mundial de peregrinación, un lugar de curación de los cuerpos y consuelo de los corazones”.
Oración y acción: una misma misión
La devoción a la Virgen de Lourdes no separa la plegaria del servicio. En nuestras obras de caridad —hogares, merenderos, proyectos de acompañamiento materno, centros de salud y voluntariados— la oración alimenta la fortaleza para actuar. Cuidar el cuerpo exige también sanar el corazón: escucha, compañía y gestos concretos que devuelven dignidad.
Testimonio de servicio en las obras
Cada acción pastoral y solidaria —una visita domiciliaria, una consulta acompañada, un ropero abierto, la atención a un anciano o la entrega de insumos— es una forma de “saludar” la vida que sufre. En tiempos de fragilidad, la cercanía de voluntarias y voluntarios constituye un sacramento de ternura que transforma la vida cotidiana de las familias y de las personas enfermas.
Un llamado a la comunidad
Hoy, impulsados por la oración y el compromiso, invitamos a sumar apoyo a las obras que acompañan: colaborar con donaciones, ofrecer tiempo como voluntario/a o simplemente rezar por los que sufren. La acción pública y la plegaria comunitaria se sostienen mutuamente y configuran una respuesta integral al dolor humano.

