En la ciudad de Federal, Entre Ríos, las voluntarias de la misión rural sostienen semana a semana un espacio de servicio que se ha vuelto fundamental para muchas familias: el ropero solidario de la obra.
Cada viernes, este lugar abre sus puertas para recibir a quienes necesitan una mano cercana. Allí se entrega ropa, calzado, alimentos y útiles escolares, brindando una ayuda concreta frente a las necesidades cotidianas. Pero además, hay algo que distingue profundamente este espacio: la entrega de rosarios, como signo de fe y acompañamiento espiritual.
El ropero solidario no es solo un lugar de asistencia, sino también de encuentro. En cada jornada, las voluntarias no solo organizan y entregan lo recibido, sino que comparten tiempo, escucha y cercanía con cada persona que se acerca. De esta manera, la ayuda material se transforma en un gesto más amplio de amor y presencia.
Este servicio constante refleja el corazón de la misión: estar cerca, acompañar y sostener la vida en sus múltiples dimensiones. Porque allí donde hay una necesidad, también hay una oportunidad para que la caridad se haga concreta.
El compromiso de las voluntarias, que semana a semana sostienen este espacio, es un testimonio silencioso pero firme de que la solidaridad se construye en lo cotidiano, en lo simple y en la fidelidad de cada viernes.



